Primeros años

Nacido en el seno de una humilde familia, César creció en el caserío de Ayaque, ubicado en medio de la serranía norte del Perú. Conozca más de cerca cómo fueron los primeros años de vida de César en su tierra natal de Cajamarca.

A la mitad del cerro Calvario, en el caserío de Ayaque, provincia de Chota, Cajamarca, en una casa con techo a dos aguas, nació César Acuña en los primeros años de su biografía, la madrugada del lunes 11 de agosto de 1952. “Ayaque es un pueblo que está alejado del distrito de Tacabamba, en el departamento de Cajamarca. Ese fue el lugar en donde nací”, dice César.

Infancia de César Acuña

Fueron 12 los hijos que concibieron Héctor Acuña y Clementina Peralta: Leopoldo, Virgilio, César, Grimaldo, María Teresa, Segundo Héctor, Darío, María Grimanesa, Olga, Josefa, Óscar y Humberto. Hoy todos profesionales.

La familia Acuña Peralta vivía de las labores agrícolas de la zona. “Los sembríos de los surcos y los animales del corral eran una parte importante que no podíamos descuidar”, dice César quien también comparte que sus padres tenían el trabajo y la educación como pilares de crianza.

Desde muy pequeño, César ayudaba a sus papás en el trabajo del campo para mantener la economía del hogar. “Sembrábamos arverjas, maíz, papas y otro productos de panllevar”, comenta. A pesar de la escasez en la que vivían, nunca se amilanaron y siguieron trabajando para superarse.

Cuando César cumplió los 5 años de edad, la familia completa se traslada a Tacabamba en donde les esperaba una vida más próspera. Aquí, César cursa sus estudios básicos en el Colegio Nacional de Tacabamba, del cual egresó con premio de excelencia.

Para asistir a la escuela tenía que levantarse muy temprano, ordeñar sus vacas y caminar tres o cuatro kilómetros hasta llegar al colegio. En ese entonces el horario era partido (mañana y tarde) por lo que su madre Clementina le enviaba su fiambre, pues no tenía recursos para comer en pensión.

A pesar de que los padres de César no llegaron a cursar educación alguna, César recuerda que desde que tiene uso de razón, sus padres impulsaron a sus 12 hijos a que se formen profesionalmente. “Mi madre Clementina hizo de todo para que nosotros podamos salir de la pobreza y de la ignorancia”, dice César.

Y eso es justamente lo que César les transmite a cada uno de sus estudiantes. En una de sus memorias de cuando regresó a su natal Ayaque luego de 50 años, el recuerda estar parado en el balcón del colegio de la zona y decir “¿Saben cómo se derrota a la pobreza? Estudiando. Estudiando. Estudiando”. Él está seguro de que luego de esto ha dejado una semilla en cada uno de ellos y que crecerá poco a poco.

“Quizá el recuerdo más hermoso de mi infancia es el verme sentado en la mesa de madera humilde que teníamos en nuestra casa y ver a mi madre hacer maravillas con la comida”, comparte César. Él también menciona que si bien no tuvieron la infancia que todo niño merece pues trabajaban para poder sobrevivir, el vivir en Ayaque y Tacabamba junto a su familia es una experiencia que no cambiaría por nada.